Las memorias me llenan de nostalgía, de ganas de volver.
Paradójicamente, todo lo recuerdo tan bonito y perfecto, tan falto de errores; probablemente en su tiempo se me hacia incorrecto y añoraba algo aún más pasado o un futuro más brillante, todo para traerme acá y encerrarme en un ciclo de no querer estar donde me encuentro.
Mi vicio es el ayer.
Mis demonios ladran a estas horas de la noche cuando la soledad me aturde y cuando mi memoria se satura de silencios, solo puedo pensar en preguntas, en preguntar y en preguntarme y en correr detrás de respuestas inatrapables.
Aún no sé si hago lo que quiero y es una tarea difícil saberlo, si ni siquiera empiezo por saber que es lo que quiero; puedo empezar diciendo que añoro con un sueño y con un despertar más bonito y que, ciertamente, sé que es lo que NO quiero y lo que odio de él y de ahora.
Más que el gusto de recordar, tengo miedo de olvidar, porque entonces no tendría en que pensar cuando esta malparida soledad me invada...
Y porque, por ahora, no sé que inventar.